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DECLARACIÓN POR LA DEMOCRACIA, LA VIDA Y LAS LIBERTADES

Nosotros, académicos, expertos y representantes de centros de estudio que no aceptamos vivir arrodillados ante el miedo, alzamos esta voz en defensa de la libertad de los pueblos, del imperio de la ley y de la dignidad humana.

La ocasión es grave. El 1 de julio de 2026, la República Popular China puso en vigor la denominada Ley de Promoción de la Unidad y el Progreso Étnicos: una pieza más de la maquinaria con la que el Partido Comunista Chino pretende extender su censura y su represión mucho más allá de sus fronteras. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Taiwán (nota N.º 303) lo ha advertido con claridad, y nosotros lo repetimos sin eufemismos: se trata de un instrumento de dominación transnacional.

Lo que está en juego

No nos engañemos. Bajo el disfraz de una «ley interna», Beijing se atribuye el derecho a perseguir a cualquier persona del planeta —periodista, activista, académico o ciudadano común— cuyas palabras le incomoden. Con conceptos deliberadamente vagos —«socavar la unidad étnica», «crear división»— el régimen se otorga una licencia para la arbitrariedad, y busca imponer el silencio por el miedo allí donde no llega por la fuerza.

Esta no es una amenaza abstracta ni lejana. Es el mismo régimen que coopta a nuestras élites, que penetra nuestra infraestructura crítica, que codicia nuestros datos y que envenena nuestro entorno informativo. La estrategia predatoria que hoy se ensaya contra Taiwán es la que mañana golpeará a nuestros pueblos si permanecemos indiferentes.

Declaramos, sin ambigüedades

Primero. La libertad no se negocia. La democracia, la vida y los derechos humanos son universales y anteriores a todo Estado. Ningún poder —por grande que sea— tiene autoridad para criminalizar la conciencia de los hombres y mujeres libres.

Segundo. Estamos con Taiwán. Su pueblo valiente y resiliente demuestra, ante los ojos del mundo, que se puede resistir la coerción sin arrodillarse, y que la innovación, el desarrollo sustentable y la prosperidad florecen donde hay libertad, no donde hay miedo.

Tercero. Repudiamos la represión transnacional. Denunciamos la pretensión del régimen comunista chino de extender su brazo represor sobre territorios soberanos para acallar disidencias e intimidar comunidades. No lo aceptaremos.

Cuarto. Defenderemos nuestra soberanía digital. Nuestros datos, nuestra infraestructura crítica y nuestro futuro tecnológico no están en venta ni se rendirán al chantaje. La soberanía de los datos es, hoy, soberanía nacional.

Quinto. No habrá indiferencia ni aislamiento. Frente al miedo que exportan los autoritarios, respondemos con resiliencia; frente a la división que siembran, respondemos con unidad. Tendemos, con determinación, el puente estratégico entre el Indo-Pacífico y América Latina.

Sexto. Es una deuda con nuestros hijos. La libertad que heredamos exige coraje para conservarla. No seremos la generación que la entregó sin combatir.

Llamamiento

Convocamos a los gobiernos, parlamentos, universidades y organizaciones de la sociedad civil del hemisferio a suscribir esta declaración, a documentar y denunciar cada acto de represión transnacional, y a cerrar filas en defensa de nuestros ciudadanos, nuestros datos y nuestras democracias.

Que quede claro: la voz de Taiwán no clama en el desierto. Nos encuentra despiertos, de pie y unidos.

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