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Alak no es para estos tiempos

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Por Ricardo José Ferrer Picado
10 de octubre de 2026

No la ve. El viaje a China terminó siendo una nueva fuente de frustración para una ciudad que parece haber perdido la paciencia con los anuncios grandilocuentes y las promesas de transformación que nunca terminan de materializarse. Mientras el intendente Julio Alak recorría Shanghái en busca de inversiones, los vecinos de La Plata seguían enfrentando una realidad bastante menos sofisticada: calles deterioradas, inseguridad, servicios deficientes y una presión tributaria que no encuentra correspondencia en la calidad de lo que reciben. La distancia entre las prioridades de la administración municipal y las preocupaciones cotidianas de los platenses se ha convertido en una expresión del agotamiento de un modelo político que insiste en ofrecer respuestas del pasado a problemas que exigen soluciones nuevas.

Los resultados de la encuesta de DC Consultores, realizada entre el 6 y el 9 de octubre sobre una muestra de 1.136 casos, reflejan esa desconexión. El 80,9% de los consultados no cree que el viaje del intendente a China vaya a traducirse en desarrollo para la ciudad, mientras que el 50,4% lo considera directamente un espectáculo político, un «puro circo». El relevamiento también expone el distanciamiento de buena parte de la ciudadanía respecto de una dirigencia que percibe anclada en tiempos analógicos: el 68,6% expresa un rechazo contundente a la figura de Alak y a la posibilidad de volver a votarlo.

Sin embargo, lo verdaderamente inquietante de este escenario no es el enojo ciudadano, sino su ausencia. Apenas el 7,4% de los encuestados reconoce sentirse enojado, mientras que el 45,3% manifiesta preocupación o cansancio. Esta diferencia es fundamental. El enojo todavía supone una expectativa de cambio, una voluntad de confrontar aquello que no funciona. El agotamiento, en cambio, puede convertirse en resignación. Y cuando una sociedad se acostumbra a recibir menos de lo que merece, comienza a naturalizar una degradación progresiva cuyos puntos de inflexión suelen pasar inadvertidos. La Plata corre ese riesgo: dejar de exigir porque ha dejado de esperar.

Sin seguridad no hay ciudad

La inseguridad encabeza las preocupaciones de los platenses, con un 42%, y al mismo tiempo la seguridad representa su principal esperanza, con un 27,5%. No es una coincidencia menor que una misma palabra lidere ambas categorías. Revela que la principal demanda ciudadana no se encuentra en grandes proyectos internacionales ni en declaraciones de cooperación económica, sino en la recuperación de una condición elemental de la convivencia: poder vivir sin miedo. La calificación que recibe la gestión de Alak en esta materia, apenas 3,7 puntos sobre 10, confirma la profundidad del problema.

El orden de los factores, en este caso, sí altera el producto. Sin seguridad no existe una verdadera calidad de vida, y sin calidad de vida resulta extraordinariamente difícil atraer inversiones, sostener comercios o construir una comunidad próspera. Nadie proyecta con tranquilidad su futuro en una ciudad donde teme regresar a su casa por la noche. La inseguridad no solamente afecta a quienes sufren un delito; modifica conductas, restringe libertades, encarece actividades económicas y deteriora los vínculos sociales. Es, en definitiva, uno de los impuestos invisibles más costosos que puede pagar una comunidad.

La seguridad tampoco es un milagro ni el resultado espontáneo de una coyuntura favorable. Requiere decisión política, planificación, inteligencia criminal, coordinación institucional y capacidad operativa. Rosario ofrece una experiencia que merece ser estudiada. Durante 2024, el departamento Rosario registró alrededor de 90 homicidios, su nivel más bajo en casi dos décadas, después de una reducción superior al 60% respecto del año anterior. Este resultado no puede atribuirse exclusivamente al Plan Bandera, sino a la convergencia de distintas medidas, entre ellas el fortalecimiento del control penitenciario provincial, las operaciones de seguridad territorial y la articulación entre Nación, Provincia y Municipio. La experiencia demuestra que, incluso frente a escenarios de violencia compleja, una estrategia sostenida, con responsabilidades definidas y objetivos concretos, puede modificar tendencias que parecían irreversibles.

La enseñanza para La Plata no consiste en reclamar automáticamente la presencia de fuerzas federales ni en reproducir soluciones diseñadas para realidades criminales diferentes. El gobierno municipal tiene un papel fundamental en la prevención, el orden urbano y la articulación comunitaria, mientras que la Provincia conserva la responsabilidad primordial sobre la seguridad pública. La intervención federal debe responder a circunstancias excepcionales y diagnósticos precisos, no convertirse en un recurso político para disimular la falta de conducción. La seguridad comienza con instituciones que conocen su territorio, asumen sus responsabilidades y utilizan eficientemente sus recursos. Con los propios se puede actuar. Y si se puede, se debe.

Pagás de primera, recibís servicio de cuarta

Uno de los síntomas más evidentes del deterioro urbano es que, frente a la incapacidad del Estado para garantizar condiciones básicas de seguridad, los negocios que encuentran oportunidades de expansión son los barrios cerrados y los servicios de vigilancia privada. El vecino termina pagando dos veces por una misma necesidad: primero, mediante los impuestos y las tasas que sostienen la estructura pública; después, contratando soluciones particulares para proteger aquello que el Estado debería resguardar. La consecuencia no es solamente económica. Es también una fractura de la vida comunitaria, porque la seguridad deja de funcionar como un derecho compartido y comienza a depender de la capacidad individual para financiarla.

La encuesta ofrece una radiografía de ese descontento. El 49,7% de los platenses considera que no recibe absolutamente nada a cambio de las tasas municipales que paga, mientras que otro 34,3% entiende que apenas obtiene prestaciones básicas. Cuando el 84% de los consultados percibe que el retorno de sus contribuciones es nulo o insuficiente, no estamos frente a un problema de comunicación institucional, sino ante un cuestionamiento de fondo a la calidad de la gestión. Tampoco sorprende, en este contexto, que la corrupción y el peronismo aparezcan en el relevamiento entre los grandes temores políticos y sociales, ambos con un 11%.

La presión tributaria se vuelve todavía más difícil de justificar cuando se sostiene una estructura administrativa sobredimensionada. Una ciudad que funciona con un gabinete de 25 secretarías, cuando podría organizar sus responsabilidades esenciales en ocho, necesita preguntarse a quién está destinada a servir esa burocracia. La multiplicación de cargos no garantiza mayor capacidad de gestión; muchas veces produce lo contrario: dispersión de responsabilidades, superposición de funciones y mayores costos para quienes trabajan, producen y pagan impuestos. Un municipio no debería medir su importancia por el tamaño de su organigrama, sino por los resultados que consigue.

Las consecuencias del estancamiento se advierten incluso en una de las dimensiones más profundas de la identidad platense: la educación. Cada vez más amigos de mi generación me cuentan que sus hijos estudian en universidades privadas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Para quienes crecimos reconociendo a La Plata como una de las grandes capitales universitarias de la Argentina, esa situación resulta difícil de aceptar. No se trata de cuestionar la libertad de elegir dónde estudiar, sino de comprender lo que significa que una ciudad históricamente identificada con la formación académica y la producción de conocimiento deje de ser la primera opción para parte de sus propias familias.

En la ciudad de la Universidad Nacional de La Plata, resignarse a que el futuro de nuestros hijos deba buscarse sistemáticamente en otra parte constituye una de las derrotas culturales más silenciosas. La Plata no puede acostumbrarse a perder aquello que siempre fue su principal fortaleza.

China puede ser un cliente, nunca un modelo

El intendente regresó de Shanghái con un Memorándum de Entendimiento firmado con la Federación de Toda China de Industria y Comercio, una organización vinculada al sistema de trabajo del Frente Unido del Partido Comunista Chino. La agenda oficial también contempló encuentros relacionados con la seguridad pública, el funcionamiento de centros de monitoreo y el análisis de herramientas tecnológicas utilizadas en ciudades chinas para la vigilancia y la gestión urbana. Sobre el papel, estas iniciativas pueden presentarse como oportunidades de cooperación, modernización e inversión. Sin embargo, existe una pregunta que no debería quedar relegada detrás del entusiasmo diplomático: ¿qué modelo de desarrollo y de relación entre el Estado y los ciudadanos estamos dispuestos a incorporar?

He tenido la oportunidad de visitar Taiwán, Corea del Sur y Japón. Allí encontré experiencias de desarrollo que, aunque poseen escalas, trayectorias y características diferentes a las de China, ofrecen referencias mucho más cercanas a nuestras posibilidades y, especialmente, a los valores institucionales que deberían orientar el futuro de La Plata. Son sociedades que han construido capacidades tecnológicas extraordinarias sobre la base de la educación, la innovación, la legalidad y estructuras institucionales donde el poder estatal está sujeto a controles y límites. La verdadera modernización no consiste simplemente en adquirir tecnología avanzada, sino en garantizar que su utilización fortalezca las libertades individuales en lugar de debilitarlas.

La República Popular China responde a un sistema político de partido único, donde la concentración del poder y los mecanismos de control estatal plantean profundas diferencias con los principios republicanos que defendemos. La Plata nació de una concepción de progreso asociada al conocimiento, la planificación, la apertura y la vida institucional. Su identidad debe continuar vinculada al respeto por la vida, los derechos humanos y la libertad bajo el imperio de la ley. Ese compromiso tampoco puede limitarse a la evocación de las violaciones de derechos del pasado: debe servir para identificar y prevenir las nuevas formas de vulneración que podrían surgir del uso indiscriminado de tecnologías de vigilancia, identificación y seguimiento ciudadano.

La Argentina atraviesa, además, una transformación cultural y política expresada en el triunfo de Javier Milei, que ha colocado nuevamente en el centro del debate la libertad individual, los límites del Estado y el cuestionamiento de las estructuras políticas tradicionales. En ese escenario, importar mecanismos de control asociados a un régimen autoritario sería avanzar en dirección contraria a los principios que una parte significativa de la sociedad argentina ha decidido reivindicar.

Comerciar con China es una cosa; importar su modelo político y de control social es otra completamente distinta. Conviene subrayar que esta diferencia se establece con un régimen, no con un pueblo. Las comunidades de origen chino y asiático forman parte de la riqueza cultural y social de La Plata, y su presencia contribuye a la diversidad que caracteriza a nuestra ciudad. El cuestionamiento está dirigido a las estructuras de poder y a los riesgos institucionales de determinadas formas de cooperación, nunca a quienes comparten con nosotros la vida cotidiana.

Taiwán convirtió el parque científico de Hsinchu en uno de los centros más importantes de la industria mundial de semiconductores. Corea del Sur desarrolló en Daedeok, Daejeon, un ecosistema de investigación y tecnología de alcance internacional. Japón construyó en Tsukuba una ciudad organizada alrededor de universidades, laboratorios y centros científicos. Estos ejemplos comparten una enseñanza que La Plata debería comprender mejor que nadie: el desarrollo sostenido surge de la capacidad de transformar el conocimiento en innovación, actividad económica y bienestar. Y esa es, precisamente, una de las ventajas que nuestra ciudad ya posee.

La Plata no se refunda, se afirma

La Plata no necesita refundarse. Necesita reencontrarse con sus valores fundacionales y proyectarlos hacia el siglo XXI. Fue concebida como una ciudad vanguardista, monumental, higiénica, planificada y abierta al progreso, en una época en que el urbanismo todavía buscaba respuestas para los desafíos de la modernidad. En 1886 se convirtió en la primera ciudad de Sudamérica en contar con un sistema de alumbrado público eléctrico. Resulta difícil aceptar que una ciudad nacida para iluminar el futuro deba resignarse hoy a convivir con calles oscuras, infraestructura deteriorada y servicios que no responden a las necesidades de sus habitantes.

Los vecinos parecen comprender esa contradicción con mayor claridad que sus gobernantes. Según DC Consultores, el 68,5% desconfía de las promesas de cambiarlo todo y comenzar nuevamente desde cero, mientras que el 61,3% considera necesario planificar y esperar resultados. Lejos de expresar una resistencia al progreso, estas respuestas revelan una demanda de seriedad. La ciudadanía no necesita otra narrativa fundacional, sino una administración capaz de definir prioridades, sostener políticas y demostrar resultados verificables. El orden urbano y la planificación vuelven a aparecer como condiciones esenciales para recuperar inversiones y oportunidades de crecimiento.

Nuestro recurso estratégico más importante no se encuentra bajo tierra, sino en las aulas, laboratorios y centros de formación de la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Tecnológica Nacional, la Universidad Católica de La Plata, la Universidad Siglo 21, la Universidad del Este y las instituciones terciarias, entre ellas el Instituto Terrero. Ese conjunto constituye una reserva extraordinaria de conocimiento, capacidades técnicas y talento profesional que ninguna misión comercial puede reemplazar.

La historia de Globant demuestra lo que puede surgir de ese ecosistema. La compañía fue fundada en 2003 por cuatro emprendedores, tres de ellos vinculados a la formación universitaria platense, y comenzó su recorrido en una pequeña oficina hasta convertirse en una empresa tecnológica de proyección internacional. Que una iniciativa de semejante alcance haya surgido de este entorno revela nuestras posibilidades. Que su crecimiento posterior haya encontrado fuera de La Plata buena parte de las condiciones necesarias para expandirse debería obligarnos a reflexionar sobre las oportunidades que todavía no somos capaces de retener.

América Latina está ingresando en una nueva etapa marcada por la inteligencia artificial, la computación cuántica, la automatización y la exportación de conocimiento. En un mundo que demanda cadenas de suministro confiables y capacidades tecnológicas cada vez más especializadas, La Plata dispone de un activo escaso: profesionales y técnicos formados en instituciones de excelencia, dentro de una tradición democrática y con una notable capacidad de adaptación. Su principal fuente de energía no es solamente material. Es el talento de las personas que estudian, investigan, enseñan, desarrollan tecnología y emprenden.

Pero ese potencial necesita infraestructura. La recuperación y ampliación del aeropuerto platense, actualmente destinado principalmente a operaciones sanitarias y oficiales, permitiría avanzar hacia una terminal con capacidad de complementar las funciones de Ezeiza y Aeroparque. Del mismo modo, un puerto fortalecido y vinculado eficientemente con el sistema de navegación de la Hidrovía podría recuperar protagonismo en los circuitos comerciales regionales. La Plata tiene condiciones para aspirar a desempeñar un papel logístico comparable al que Montevideo ha consolidado en el Río de la Plata.

Alak presentó parte de estas iniciativas durante su visita a Shanghái. Nosotros creemos que el desarrollo de infraestructura estratégica debe construirse a partir de inversiones transparentes, contratos verificables, competencia y socios comprometidos con el cumplimiento de la ley. Las experiencias internacionales de financiamiento asociadas a regímenes autoritarios obligan a prestar especial atención a los riesgos de dependencia, captura de élites y condicionamientos políticos. No se trata de cerrar las puertas al comercio, sino de evitar que las decisiones sobre el futuro de nuestra ciudad queden subordinadas a intereses incompatibles con su autonomía institucional.

Conectados, nunca vigilados

El camino hacia la recuperación de La Plata exige establecer un orden de prioridades. Primero, devolverles seguridad a los vecinos. Segundo, reducir el peso de un Estado que demasiadas veces se convierte en un obstáculo para quienes quieren trabajar, invertir o emprender. Tercero, formular objetivos realistas, medibles y sujetos a evaluación pública. No necesitamos multiplicar promesas, sino construir una gestión capaz de demostrar, con hechos y resultados, que la ciudad está recuperando su rumbo.

La encuesta muestra que tres de cada cuatro platenses, el 75,5%, identifican los costos y las cargas como el principal obstáculo para emprender. Apenas un 1,2% considera que la solución al déficit municipal consiste en aumentar las tasas, mientras que el 67,7% prefiere alternativas vinculadas con la atracción de inversión privada o la reducción de la estructura política. Son señales que ninguna administración debería ignorar. Existe una demanda de eficiencia, de alivio tributario y de una relación distinta entre el Estado y quienes generan actividad económica.

En ese marco, proponemos una iniciativa concreta y orientada al futuro: desarrollar una infraestructura digital propia, una nube tecnológica y un programa satelital platense, articulando las capacidades de la UNLP, la UTN, el Municipio, la Provincia y el sector privado, con el objetivo de avanzar hacia el acceso gratuito y universal a internet para los habitantes de la ciudad. No debería tratarse de un nuevo proyecto destinado a alimentar la propaganda oficial, sino de una política de infraestructura digital con etapas, financiamiento transparente, metas verificables y continuidad institucional.

Las capacidades técnicas para aspirar a proyectos de esta naturaleza existen. La participación de equipos de la Facultad de Ingeniería de la UNLP en el desarrollo de Atenea, el microsatélite argentino de la CONAE que formó parte de la misión Artemis II en abril de 2026, constituye una demostración extraordinaria. Profesionales vinculados con nuestra universidad participaron en tareas de ingeniería de sistemas, comunicaciones y desarrollo de la computadora de a bordo de un dispositivo que logró operar a más de 70.000 kilómetros de la Tierra. Una ciudad capaz de contribuir a una misión espacial de semejante complejidad no puede resignarse a considerar imposible su propia modernización tecnológica.

Con una gestión de La Libertad Avanza, La Plata puede aspirar a convertirse en la ciudad más segura de la Argentina y en una de las mejor conectadas de América Latina. Pero esa ambición debe estar acompañada de una condición innegociable: el respeto estricto de la vida privada. La innovación tecnológica no puede convertirse en una excusa para expandir arbitrariamente las facultades de vigilancia del Estado. Frente a modelos que utilizan la identificación y el seguimiento masivo de los ciudadanos como herramientas de control, nuestra propuesta es conectar sin espiar, modernizar sin perseguir y utilizar la tecnología para ampliar derechos, no para restringirlos.

La verdadera ciudad inteligente no es aquella que más sabe sobre sus habitantes, sino aquella que mejor responde a sus necesidades sin invadir sus libertades.

Tiempo de revancha

Detrás de buena parte de la economía informal existe una persona que quiere trabajar, progresar y encontrar un lugar en su propia ciudad. No todos los emprendimientos nacen dentro de una estructura empresarial consolidada ni cuentan desde el primer día con recursos suficientes para cumplir exigencias administrativas complejas. La respuesta del Estado no debería ser perseguir a quien intenta ganarse la vida, sino facilitar su incorporación a una economía formal, ordenada y competitiva. El emprendedor necesita reglas claras, costos razonables, infraestructura y, sobre todo, que lo dejen trabajar.

Eso no significa resignar el orden urbano ni aceptar que el espacio público se degrade. Por el contrario, La Plata debe recuperar el valor de su diseño, de su estética y de sus espacios compartidos. Merece centros comerciales atractivos, ferias organizadas y habilitadas, servicios de calidad, calles cuidadas y lugares de encuentro donde la actividad económica y la convivencia puedan desarrollarse con intensidad. La formalización, el orden y la belleza urbana no son enemigos de la actividad popular. Son condiciones que pueden potenciarla. Nuestra ciudad no debe resignarse a reproducir modelos de crecimiento desordenado cuando su propia historia demuestra que es posible planificar de otra manera.

Imagino una La Plata vibrante, con jóvenes que encuentran oportunidades de empleo sin tener que abandonar su lugar de origen; con comercios que vuelven a recibir clientes; con emprendedores capaces de ofrecer sus productos y servicios al mundo desde nuestra ciudad; con espacios públicos que recuperan su función de encuentro y con un sistema universitario que vuelve a proyectarse como motor de desarrollo. Imagino también una ciudad cuya infraestructura sanitaria y cuyo talento médico recuperen el prestigio que hicieron de La Plata una referencia nacional, un capital humano que durante demasiado tiempo ha debido enfrentar los efectos de la burocracia y la falta de planificación.

No se trata de una utopía ni de una promesa de transformación instantánea. Se trata de recuperar una ambición que alguna vez definió a La Plata: la voluntad de estar a la vanguardia, de construir instituciones sólidas y de ofrecerles a sus habitantes una calidad de vida acorde con su potencial. Para conseguirlo, necesitamos abandonar la resignación, reconstruir la confianza y comprender que ninguna ciudad progresa solamente porque sus dirigentes viajen, firmen acuerdos o anuncien proyectos. Progresa cuando quienes la gobiernan saben convertir las oportunidades en resultados.

La encuesta de DC Consultores resume el estado de ánimo de una comunidad que «quiere arrancar y no encuentra quién la maneje». Que el 76,7% de los vecinos no pueda mencionar a un solo concejal refleja, además, la distancia que se ha abierto entre la representación política y la ciudadanía. Esa desconexión no se resuelve con más discursos, más estructuras o más propaganda. Se resuelve con gestión, liderazgo y una visión de futuro que vuelva a poner a los platenses en el centro de las decisiones.

La Plata tiene historia, conocimiento, talento, infraestructura y una identidad que merece ser recuperada. Lo que le falta es una conducción capaz de estar a la altura de esos recursos y de los desafíos de este tiempo.

Alak no es para estos tiempos. Es hora de sacar el freno de mano.


Ricardo José Ferrer Picado es vecino de La Plata, exdirector nacional de Inteligencia Criminal y director del Foro para el Hemisferio Occidental (FHOx).


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